Convocado el concurso literario de la Vera Cruz

DSC_0052La Hermandad convoca un concurso de certamen literario consistente en un tríptico de sonetos dedicados a la Santísima Vera Cruz.

El premio del ganador es de 1200 euros y la Flor Natural que será entregada el 9 de mayo en la Capilla del Dulce Nombre de Jesús en el transcurso de la Exaltación al Misterio de la Cruz.

Las bases para participar son las siguientes:

1. Los poemas presentados deberán ser inéditos y escritos en lengua castellana.

2. Han de enviarse por triplicado a la siguiente dirección: Hermandad de la Vera Cruz, XLIV Juegos Florales, c/ Baños, 17. 41002 Sevilla. La fecha límite para la presentación de los trabajos será la del 15 de Abril de 2013.

3. Los trabajos deberán ir en sobre cerrado con un lema y acompañado es su interior con otro sobre cerrado con el mismo lema y conteniendo nombre, apellidos, dirección y teléfono del autor.

4. Los poemas que se admitirán sólo serán los que cumplan las condiciones precedentes y consten de tres sonetos en los que se glose el misterio de la Cruz.

5. Los poetas que concurran aceptarán plenamente las decisiones del jurado que se nombre al efecto y que se dará a conocer en el acto literario, siendo su decisión inapelable.

 6. El jurado se reserva el poder dejar desierto el premio si al mismo no concurriese ninguno con la suficiente entidad para merecerlo; al mismo tiempo, el jurado se reserva la potestad de otorgar dos accésit, sin compensación económica alguna.

7. Los trabajos presentados al concurso que no fuesen premiados, serán devueltos a los autores, previa solicitud por escrito al Secretario de la Hermandad.

8. El o los trabajos premiados serán publicados en el Boletín de la Hermandad y, si ello es posible, en algún Medio de Comunicación.

9. No podrán concurrir al certamen aquellos poetas que hubieren sido ya galardonados en alguna de las ediciones anteriores.

Si yo nací campesino

 
 Si yo nací campesino,
si yo nací marinero,
¿por qué me tenéis aquí,
si este aquí yo no lo quiero?

   El mejor día, ciudad
a quien jamás he querido,
el mejor día  —¡silencio!—
habré desaparecido.

 

Rafael Alberti, 1924

 
 

ABRIL FLORECÍA

 
 

Abril florecía
frente a mi ventana.
Entre los jazmines
y las rosas blancas
de un balcón florido,
vi las dos hermanas.
La menor cosía,
la mayor hilaba …
Entre los jazmines
y las rosas blancas,
la más pequeñita,
risueña y rosada
—su aguja en el aire—,
miró a mi ventana.

La mayor seguía
silenciosa y pálida,
el huso en su rueca
que el lino enroscaba.
Abril florecía
frente a mi ventana.

Una clara tarde
la mayor lloraba,
entre los jazmines
y las rosas blancas,
y ante el blanco lino
que en su rueca hilaba.
—¿Qué tienes —le dije—
silenciosa pálida?
Señaló el vestido
que empezó la hermana.
En la negra túnica
la aguja brillaba;
sobre el velo blanco, 
el dedal de plata.
Señaló a la tarde
de abril que soñaba,
mientras que se oía
tañer de campanas.
Y en la clara tarde
me enseñó sus lágrimas…
Abril florecía
frente a mi ventana.

Fue otro abril alegre
y otra tarde plácida.
El balcón florido
solitario estaba…
Ni la pequeñita
risueña y rosada,
ni la hermana triste,
silenciosa y pálida,
ni la negra túnica,
ni la toca blanca…
Tan sólo en el huso
el lino giraba
por mano invisible,
y en la oscura sala
la luna del limpio 
espejo brillaba…
Entre los jazmines
y las rosas blancas
del balcón florido,
me miré en la clara
luna del espejo
que lejos soñaba…
Abril florecía
frente a mi ventana.

 

Antonio Machado

EL NIÑO YUNTERO

EL NIÑO YUNTERO

Carne de yugo, ha nacido
más humillado que bello,
con el cuello perseguido
por el yugo para el cuello.

Nace, como la herramienta,
a los golpes destinado,
de una tierra descontenta
y un insatisfecho arado.

Entre estiércol puro y vivo
de vacas, trae a la vida
un alma color de olivo
vieja ya y encallecida.

Empieza a vivir, y empieza
a morir de punta a punta
levantando la corteza
de su madre con la yunta.

Empieza a sentir, y siente
la vida como una guerra
y a dar fatigosamente
en los huesos de la tierra.

Contar sus años no sabe,
y ya sabe que el sudor
es una corona grave
de sal para el labrador.

Trabaja, y mientras trabaja
masculinamente serio,
se unge de lluvia y se alhaja
de carne de cementerio.

A fuerza de golpes, fuerte,
y a fuerza de sol, bruñido,
con una ambición de muerte
despedaza un pan reñido.

Cada nuevo día es
más raíz, menos criatura,
que escucha bajo sus pies
la voz de la sepultura.

Y como raíz se hunde
en la tierra lentamente
para que la tierra inunde
de paz y panes su frente.

Me duele este niño hambriento
como una grandiosa espina,
y su vivir ceniciento
resuelve mi alma de encina.

Lo veo arar los rastrojos,
y devorar un mendrugo,
y declarar con los ojos
que por qué es carne de yugo.

Me da su arado en el pecho,
y su vida en la garganta,
y sufro viendo el barbecho
tan grande bajo su planta.

¿Quién salvará a este chiquillo
menor que un grano de avena?
¿De dónde saldrá el martillo
verdugo de esta cadena?

Que salga del corazón
de los hombres jornaleros,
que antes de ser hombres son
y han sido niños yunteros.

 

Miguel Hernández, 1937

 

Rio Guadalquivir

Oh Guadalquivir!
te vi en Cazorla nacer
hoy en Sanlúcar morir.

Un borbollón de agua clara,
debajo de un pino verde,
eras tú, ¡qué bien sonabas!

Como yo, cerca del mar,
río de barro salobre,
¿sueñas con el manantial?

Antonio Machado (de los Proverbios y cantares del libro Nuevas canciones)

El baile de la mariposa

Revolotea con su grácil silueta,

coloreando piruetas,

como si fuera una dama de cristal,

y de puntillas, a su flor hace cosquillas

y su danza es una estela de coral. 

Su sinfonía es tejer la melodía de un vals,

y su cabeza, pizpireta y regordeta ,

hace cucos y sonríe al pasar,

ladeando sus alitas, dibujando por el cielo

figuritas de sal. 

Vuelta y vuelta, se le escapan los sonidos al danzar,

y montada en una clave de sol gira al compás.

y se deja guiar por el pentagrama

hasta que termina al fin su dulce tonada. 

Ya la noche se ha dormido en su regazo

y comienza la aventura de soñar,

con sus alas escondidas esperando la mañana,

para comenzar la dicha de bailar.

EL VIENTO Y EL ALMA

 

Con tal vehemencia el viento
viene del mar, que sus sones
elementales contagian
el silencio de la noche.

Solo en tu cama le escuchas
insistente en los cristales
tocar, llorando y llamando
como perdido sin nadie.

Mas no es él quien en desvelo
te tiene, sino otra fuerza
de que tu cuerpo es hoy cárcel,
fue viento libre, y recuerda.

 

Luis Cernuda